19-9-2011
Editorial GUSTAVO PENADÉS
Nuestro País desde la reinstauración democrática supo desarrollar una política internacional que puede bien calificarse de política de Estado. A pesar de los matices y perspectivas particulares de cada administración cabe reconocer, a lo largo de los años, la existencia de un espíritu de búsqueda de consensos políticos y sociales.
Buen ejemplo, ilustrativo de tal actitud, fue la del entonces Presidente Lacalle, quien informó y consultó a los referentes de todos los partidos políticos en las instancias de negociación del Tratado de Asunción.
Con la llegada del Frente al gobierno esa línea de búsqueda de consensos se perdió, no escapando a la impronta refundacional que la administración entrante pretendió dar a su gestión. La firma de acuerdos multipartidarios previos a la asunción de Vázquez fue la última instancia en la que pareció reconocerse la necesidad de procurar amplios apoyos en la materia. Acuerdos que, desde el primer día, el propio FA se encargó de incumplir.
Desde ese entonces Uruguay fue perdiendo su tradicional seriedad y su comportamiento se tornó errático.
Las grandes diferencias entre los partidos que conforman la coalición llevaron a que en el seno mismo del Poder Ejecutivo quedaran expuestos enfoques y criterios absolutamente diversos. En tal sentido, recordamos palabras del entonces ministro Gargano en defensa de sus tesis del «arco virtuoso» de los países «afines ideológicamente», que iba de Lagos en Chile a Chávez en Venezuela; al tiempo que el Presidente Vázquez hacia saber a los Estados Unidos su buena disposición para ¡negociar un tratado de libre comercio!
Los hechos se encargaron de ir demostrando como las afinidades ideológicas, que supuestamente nos hermanaban, cedían ante los hechos crudos de la realidad, cuando los Estados asumen la defensa de sus legítimos intereses.
En próximos días se discutirá seguramente en la Asamblea de las Naciones Unidas el reconocimiento simbólico de un estado palestino en los hechos inexistente. Uruguay, que ya adelantó su reconocimiento sumándose a Argentina y Brasil, abandona así, su tradicional posición en relación a Medio Oriente, la que había encontrado expresión trascendente al apoyar activamente el Plan de Partición de 1947 que puso fin al mandato británico en Palestina y que abrió la posibilidad de existencia de dos Estados: uno judío y otro árabe. En su errático proceder, Uruguay se suma a los vecinos pero, por lo menos, sin cometer la torpeza de mencionar las fronteras de 1967, otro gravísimo error histórico y de apreciación de la situación.
El Partido Nacional, tanto desde el Parlamento como desde los órganos de conducción partidaria, viene insistiendo en la necesidad de reencauzar las políticas y, por sobre todo, volver a la búsqueda del involucramiento de todos los partidos y sectores en la definición de las grandes líneas de la conducción de la política exterior, que es internacional en su proyección pero que debe ser nacional en sus objetivos y construcción.
Una política internacional
19/Sep/2011
El País, Gustavo Penadés